Publicado: 23/03/20
Categoría: Artículos

No cabe duda de que Carlos Rodríguez Santiago ‘ocelote’ es una leyenda en la escena de videojuegos nacional. El exjugador profesional es hoy dueño de G2, uno de los equipos más prestigiosos de la League of Legends European Championship (LEC), entre otras muchas disciplinas electrónicas.

Allá por 2009, ocelote competía a muy buen nivel en World of Warcraft, pero ese mismo año, en cuanto salió League of Legends, decidió cambiar las planicies de Terrallende por la Grieta del Invocador. La estrategia no le fue precisamente mal, siendo fichado a finales de 2010 por SK Gaming.

El midlaner siempre ha sido una persona que se hace notar allá donde va y los escenarios de League of Legends no fueron menos. Si bien en sus inicios se dejó llevar por el trashtalking y fue baneado en diversas ocasiones, con la madurez gestó un carisma que perdura a día de hoy.

Siempre acompañado de su característico pañuelo, no había quien le contuviera una vez subía al escenario. La intensidad era máxima en cada una de sus partidas y se ganó el corazón de muchos y el odio de otros. No había término medio. Gritos, arengas y aspavientos eran el pan de cada día para un Carlos que se consagró en el panorama europeo.

Tras una serie de campeonatos algo irregulares, decidió fundar Gamers 2 en 2014 para volver a lo más alto. Ocelote conocía la industria de primera mano y ya había adquirido un potencial económico que le permitía crear una organización propia. Además, él ocuparía el carril central en el roster del equipo. Su implicación como jugador no duró más de un año antes de pasar a los despachos, donde se desenvuelve como pez en el agua.

Al principio nadie confiaba en el proyecto, pero el sorprendente crecimiento del equipo permitió que se creasen nuevas secciones de CS:GO, Hearthstone o Rocket League. Tan pasional tras bambalinas como lo era en sus partidas, el madrileño siempre tuvo una visión empresarial muy clara. ¿Su objetivo? Crear la mejor organización de esports del mundo. A estas alturas nos hemos dado cuenta de que cuando ocelote se propone algo, es bastante probable que lo consiga.

El español está recogiendo hoy los frutos de su duro trabajo. Desde un primer momento apostó por el modelo asiático: emplear grandes cantidades de recursos para formar una plantilla competitiva confiando en que la industria del videojuego y de las competiciones virtuales crezca. Y vaya si lo hizo.

G2 domina actualmente el League of Legends a nivel europeo y es la gran esperanza del viejo continente para destronar a los equipos asiáticos, los reyes históricos de los esports. El pasado 2019 lograron apear del mundial a los todopoderosos coreanos SK Telecom 1, capitaneados por Faker. Para llegar hasta aquí han pasado por grandes obstáculos y numerosos cambios en la plantilla.

Los inicios no fueron fáciles. El hype que envolvía al conjunto les hizo un flaco favor y el éxito de ocelote tuvo que esperar. El equipo destacaba por hacerlo muy bien en la competición doméstica pero sufría en la competición internacional. Así transcurrieron varios años en los que a pesar de ganar los splits europeos, su paso por los mundiales fue breve.

En los dos últimos años, su participación en el mayor torneo internacional ha sido destacada, alcanzando semifinales en 2018 y la final en 2019. Sin duda influye que el roster del equipo es muy reconocible, sin grandes cambios año tras año, lo que proporciona un mayor entendimiento entre compañeros. Wunder, Jankos, Perkz, Caps y Mikyx son los cinco elegidos que han llevado a G2 a alcanzar sus mejores cotas. Pero no sólo de League of Legends vive la organización. Sus éxitos se extienden a 9 disciplinas diferentes en las que han ganado 94 trofeos.

Ocelote tiene gran culpa de esto pues -desde cero- ha creado una empresa que tiene ya alrededor de 75 empleados. Su visión del sector es única y ha sabido anticiparse perfectamente a los hechos. Como él mismo dice: “En mi último año como jugador decidí crear un equipo de esports, no solo porque mis habilidades eran perfectas para dirigir una organización en este sector, sino porque además entendía que si hacía mi trabajo de manera excepcional, mi marca o mis marcas lograrían un gran número de fans que estarían 20 o 30 años en el top mundial de competición de videojuegos.

La importancia de la marca como hilo conductor de todas las secciones de videojuegos es algo en lo que el español pronto hizo hincapié. La visión empresarial y de negocio es fundamental y en palabras del madrileño queda reflejada: “Nuestro objetivo es que G2 logre una valoración de 1.000 millones de dólares en cuatro o seis años. E insisto, en 12 o 18 meses ya vamos a ser el equipo más valorado del mundo.” El ahora CEO, sin pelos en la lengua, ha llegado a afirmar que su sueño es comprar el Real Madrid de aquí a 20 años.

Sentimientos a flor de piel siempre regidos por una visión ultracompetitiva son los que han llevado a Carlos Rodríguez a donde está hoy en día. Bien como jugador o como CEO, han sido muchas las noches que ocelote ha pasado sin dormir con un único objetivo en mente: ser el mejor en todo lo que hace.